La felicidad está en tu interior y no es una frase hecha

Impermanencia
Impermanencia

¿Eres feliz? ¿Cómo responderías a esta pregunta? Podrías elencar una serie de cosas, situaciones y personas que hacen que consideres tu existencia como un transcurrir feliz y sereno. Me dirías que tienes un trabajo que te gusta y te satisfice, no siempre pero si el 80% de las veces que poco no es; me dirías que tienes una familia maravillosa con un marido o esposa que te apoyan y te aman incondicionalmente; que tienes una casa de propiedad, un coche y hasta te puedes permitir viajar de vacaciones a metas de ensueño. Pero analizando todas estas circunstancias y posesiones lo primero que se evidencia es que estarías poniendo el foco en el exterior, que todas las razones de tu felicidad dependería de circunstancias externas.

Piensa en un momento qué pasaría si perdieras tu trabajo, tu relación se deteriorara hasta el punto de la ruptura y tuvieras que dejar tu casa, vender tu coche y no poder permitirte viajar y comprar todos esos caprichos que hoy forman parte de tu saco de razones de tu felicidad. Si todo lo exterior que hoy conoces y te hace sentir seguro y segura desapareciera, se derrumbarían todas las razones de tu felicidad presente. ¿Te gustaría evitar que esto sucediera? Pues entonces empieza a cambiar la dirección de tu mirada. Observa tu interior. Conócete y sobre todo, no bases tu felicidad en nadie y, aún más importante, en ninguna posesión material.

Basar la propia felicidad en uno mismo no es fácil. Estamos acostumbrados a identificarnos con nuestro entorno exterior: somos nuestro trabajo, la ropa que nos ponemos, nuestro aspecto, nuestro modo de comunicar, nuestro coche, nuestros amigos, nuestras mascotas, todo eso que está fuera de nosotros es lo que nos identifica. Y ahí es donde tenemos que cambiar de ruta. Empezar a mirar hacia adentro y percatarnos de que podemos ser felices sin nada de todo eso. El secreto es cultivar el no apego. Me atrevería a afirmar que la abundancia es positiva, no lo voy a negar; pero sufrir por su falta o su perdida repentina no lo es.

El no apego no es radicalmente renunciar a todo lo material y todo lo exterior. Poseer no es malo, el dinero no es malo, un capricho de vez en cuando no es malo, viajar no es malo. Lo malo de todo ello es sufrir por la pérdida material hasta el punto de no sentir felicidad por todo lo inmaterial y bello que existe en nuestras vidas. El no apego es saber que si algo desaparece de tu vida, si las circunstancias cambian, el mundo no termina en ese momento y puedes seguir sintiendo felicidad, que no definiría personalmente como un estado que hay que conquistar sino más bien efímeros momentos que nos hacen más llevadero el viaje de la vida.

¿Quieres empezar a cultivar el no apego? Empieza meditando e imaginando como te sentirías si empezaras a perderlo todo. ¿Sufres? Cambia ese sentimiento. Siente como la pérdida material no fuera más que un modo de liberar espacio para que algo mejor llegue a tu vida. Agradece. Siente ese profundo agradecimiento por aquello que en tu vida llegará porque ya es así. Vive el presente, disfruta de cada instante y no te apegues a nada. Recuerda que en la vida hay una única certeza: la impermanencia. Todo es mutable, todo cambia continuamente, nada permanece.

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